miércoles, 14 de marzo de 2007

Yo no era


Yo no era como esas niñas de ojos azules y pelo rubio que aparecían en los anuncios. Ni siquiera era capaz de pronunciar alguna palabra cuando rondaba la edad de los cuatro años. Fui la primera marginada de la clase. Después me enamoré del chico con gafas de culo de vaso y ya fuimos dos (marginados). Me costó aprender a montar en bicicleta incluso con las dos ruedas pequeñas adicionales y me escondía detrás de los árboles del recreo repasando la materia que habíamos dado en la clase anterior y haciendo los trabajos que la pija de turno con la falda más corta me había encomendado (si los hacía disfrutaba de cinco minutos menos de marginación). Fui la del diez pero no la niña diez. La gordita de la primera fila. Aún recuerdo aquella excursión al estanque del pueblo y cómo Marga (maquiavélica de profesión) me hizo perder el equilibrio y con él el bocadillo de chorizo que con tanto cariño había preparado mamá. Fue en aquel instante donde decidí dejar naufragar todos mis miedos y darle una patada en las espinillas a aquella niñata con nombre de flor. Y fue así, con la llegada de la pubertad, con la revolución de las hormonas, cuando los médicos descubrieron que no eran tantas mis dioptrías y que podía prescindir de mis lentes. Y fue así, con la llegada de la pubertad, con la revolución de las hormonas, cuando Marga dejó de ser la flor más bonita de la pradera para convertirse en una simple flor con tendencia a marchitarse. Le estallé sus frívolas pompas de chicle en la cara y fui yo la que se llevó al niño más guapo de la clase, casualmente aquel niño gordito de ojos pequeños y gafas de culo de vaso al que siempre iban destinados todos los pelotazos.

6 comentarios:

Salva dijo...

Sencillamente genial, Pi. Sabía que acabarías escribiendo. Sabía que tenías demasiado que contar como para quedarte como simple lectora. Como en tantas otras cosas, también aquí me he sentido identificado contigo. También fui el alumno perfecto de la primera fila y el torpe en los deportes. Una infancia un poco difícil (porque no es cuestión de dramatizar y porque quién no la ha tenido) creo que nos ha ayudado a reorientar nuestras hormonas de pubertad hacia una coraza que nos protege el corazón frente a la sinrazón, y la razón de los sin-corazón.

Eres diferente y me encantan tus diferencias. Sigue diferenciándote.


"Eres pequeña
como una estrella fugaz,
como el universo
antes de estallar.
Vuelas como la risa,
como el diente de león.
Si yo te miento,
tú lo haces mejor."

Besos y versos, niña con gafas de la ¿quinta? fila.

Pituca dijo...

¿De verdad crees que iba a dejarme manejar por una pija relamida de las de aquella época? ja, ja, ja. Fui la niña traviesa que sacaba buenas notas, la que tiraba la piedra y escondía la mano (disfrutaba viendo cómo el culpable siempre era el de al lado) Sigo igual e incluso más traviesa, pero me encanta, como me encantas tú. ¡Un besazo!

... dijo...

Qué maravilla tenter por akí, Pilarita... y cómo me divierten tus travesuras. Sabes que me río mucho contigo, y te confieso que me encanta compartir mi tiempo con gente que me hace reír.
Estoy empezando a quererte... un poco sólo, eh?

Pituca dijo...

Sarita, al final terminaré siendo la que ocupe las paredes de tu cuarto (adiós a los posters de Ricky Martin!! :P ja, ja, ja)

PD. Y gracias por colorear muchas de mis fotos en blanco y negro. Besote!

L' Angelus dijo...

Sabía que, como siempre, sacarías una piedrecita de tu bolsillo... ¿y la mano? No sueltes la pluma. Me ha encantado, yo también tuve algo de eso ;)

PD. Ya sólo falta Lola, ¿caerá en la tentación? jojojo

Pituca dijo...

Seguiré tirando la piedra, pero sacaré la mano cuando tenga que utilizar la pluma ;)¡Besos!